
¿Cuándo fue la primera vez que te tomaste un trago? ¿Cuándo fue la primera vez que te pasaste de copas? ¿Cuándo fue la primera vez que se te dio vuelta la vianda? ¿Todo en una misma noche? (Shiaaa!).
Logré lo impensado: treinta días sin tomarme ni la molestia. Acto heroico por donde se le mire en estos tiempos y más difícil de lo que pensé, pero tremendamente enriquecedor. Es más, tomando en cuenta lo precoses que salen ahora las nuevas generaciones, mis nietos algún día podrán sentirse orgullosos de su tata, o hasta, en una de esas, sencillamente no me van a creer (plop!).
Y es que dejar a un amigo con la mano estirada (y no precisamente porque busca saludarme) ha sido lejos la peor escena que me ha tocado contemplar en todos mis años etílicos. Por supuesto, también es doloroso recibir posteriormente una amonestación verbal del tipo “sácame la madre weón, pero no me rechacís un copete puh”. Gente que me conoció carreteando en este último mes y que me veía notoriamente más parado que todo el resto quedó convencida de que me encontraba pagando una manda o de que era un ejemplar evangélico.
Pero el motivo de mi abstinencia no obedeció a razones religiosas, ni de salud, ni tampoco se trató de un lavado de cerebro ni de un cambio brusco de vida. Tan sólo se trató de algo temporal, más simple de lo que muchos pensaron, pero sin perder importancia por ello.
Durante un domingo de caña (sin duda mi momento más vulnerable emocionalmente de la semana) me nació ponerle una pausa a mi vida social, llámese parrandera o bohemia. Desde mas menos mis quince años que venía carreteando acorde a mi entorno, o sea, madrugando con copete. ¿Normal, cierto? El problema es que uno no se da cuenta, pero te vas acostumbrando a bailar mejor con una mano libre y con la otra sujetando un vaso, al punto de encontrar fome un carrete si no te maltratas con un sour o con una gin. La desolación máxima es despertar al otro día sin la más mínima sospecha de cómo llegaste a tu cama, sin hacerse el loco con todos los riesgos que corriste en el intertanto.
¿Peligroso? Claro que sí. Puedes perder cosas tan preciadas como tu integridad física o tu vida; y cuál sería el problema de eso, total si tienes mucha suerte sabrás que te moriste, pero si quedas vivo podrías perder cosas tan valiosas como la confianza de una persona que cree en ti y que es feliz tan sólo sabiendo que tú también lo eres (¿grave yo?).
Sin duda que este freno de mano simbólico, autoimpuesto a modo de desafío personal, marcará un antes y un después, no con el ánimo de transformarme en un acérrimo defensor de los derechos humanos del hígado, sino con la intención de ser más selectivo, más cuidadoso y más responsable, valorando la importancia de disfrutar una tarde o una noche de manera sana y de no menospreciar el difícil arte de rechazar un copete. ¡Salud, señores!
Logré lo impensado: treinta días sin tomarme ni la molestia. Acto heroico por donde se le mire en estos tiempos y más difícil de lo que pensé, pero tremendamente enriquecedor. Es más, tomando en cuenta lo precoses que salen ahora las nuevas generaciones, mis nietos algún día podrán sentirse orgullosos de su tata, o hasta, en una de esas, sencillamente no me van a creer (plop!).
Y es que dejar a un amigo con la mano estirada (y no precisamente porque busca saludarme) ha sido lejos la peor escena que me ha tocado contemplar en todos mis años etílicos. Por supuesto, también es doloroso recibir posteriormente una amonestación verbal del tipo “sácame la madre weón, pero no me rechacís un copete puh”. Gente que me conoció carreteando en este último mes y que me veía notoriamente más parado que todo el resto quedó convencida de que me encontraba pagando una manda o de que era un ejemplar evangélico.
Pero el motivo de mi abstinencia no obedeció a razones religiosas, ni de salud, ni tampoco se trató de un lavado de cerebro ni de un cambio brusco de vida. Tan sólo se trató de algo temporal, más simple de lo que muchos pensaron, pero sin perder importancia por ello.
Durante un domingo de caña (sin duda mi momento más vulnerable emocionalmente de la semana) me nació ponerle una pausa a mi vida social, llámese parrandera o bohemia. Desde mas menos mis quince años que venía carreteando acorde a mi entorno, o sea, madrugando con copete. ¿Normal, cierto? El problema es que uno no se da cuenta, pero te vas acostumbrando a bailar mejor con una mano libre y con la otra sujetando un vaso, al punto de encontrar fome un carrete si no te maltratas con un sour o con una gin. La desolación máxima es despertar al otro día sin la más mínima sospecha de cómo llegaste a tu cama, sin hacerse el loco con todos los riesgos que corriste en el intertanto.
¿Peligroso? Claro que sí. Puedes perder cosas tan preciadas como tu integridad física o tu vida; y cuál sería el problema de eso, total si tienes mucha suerte sabrás que te moriste, pero si quedas vivo podrías perder cosas tan valiosas como la confianza de una persona que cree en ti y que es feliz tan sólo sabiendo que tú también lo eres (¿grave yo?).
Sin duda que este freno de mano simbólico, autoimpuesto a modo de desafío personal, marcará un antes y un después, no con el ánimo de transformarme en un acérrimo defensor de los derechos humanos del hígado, sino con la intención de ser más selectivo, más cuidadoso y más responsable, valorando la importancia de disfrutar una tarde o una noche de manera sana y de no menospreciar el difícil arte de rechazar un copete. ¡Salud, señores!
3 comente este texto aquí:
No me acuerdo de cual era mi blog... asi ke te posteo asi no mas...
Para mi gusto no sé... no creo ke contaria con orguyo ke estuve 30 dias sin tomar, creo ke eso si ke afirma ke tienes un problema con el copete, y, si pa mas encima te costó creo ke es mas problema todavia, creo ke tener fuerza de voluntad es decir, VOY A DEJAR DE TOMAR, por ke al decir estuve 30 dias sin tomar, tenias la esperanza de ke ibas a volver a tomar,es como cuando dices, voy a dejar de fumar por 10 dias, = al final tienes la esperanza de ke vas a volver a fumar, entiendes a lo ke me refiero???.
Sigo pensando ke el copete no daña, excepto cuando no te puedes controlar, por ejemplo cuando en una noche empiezas a tomar chela... se te "calienta la boca" y tienes ke seguir tomando, mas fuerte hasta kedar RAJA! creo ke eso si ke es dañino...
Bueno espero ke mi cmentario te sirva...
Besos Cony
Simplemente, a la hora de hablar "cufifo" o "medio chambriao", eres tido un Tito Matamala!
Cuidate colega!
(nótese: palabras de mi abuelo)
Gx por sus comments...
Cony: tienes toda la razon, nada que decir... sin embargo, no hice el receso para dejar de tomar, simplemente para vivir la experiencia y recordar a la vez akellos carretes sin copete de muuuuuuuy antaño.
La Otra (naty): jeje... tito es un referente para mi, nos estamos leyendo colega! escriba pronto...
Publicar un comentario en la entrada