
¿Qué le regalaste a tu papi en conmemoración del Día del Padre? Seguramente te decidiste por los días R de Ripley y le compraste un dvd. Quizás, no tenías tanto money y simplemente le regalaste un chaleco café con botones negros que encontraste más o menos barato por ahí. ¡O no me digas que le regalaste una botella de vino! Bien por ti. Lo que es yo, no le compré nada.
Si bien es cierto que soy más apretado que tapa de submarino y más cagao que palo de gallinero, mi opción poco consumista no pasa por ahí, sino porque soy de la idea de que no hay nada mejor que regalarle cariño a un padre (y cómo se hace?).
En su libro El Empampado Riquelme, el periodista chileno Francisco Mouat teoriza sobre lo que le pasó en el interior de un tren a un pasajero que nunca llegó a destino y el posterior hallazgo de su esqueleto 43 años después en pleno desierto de Atacama.
Muy resumidamente, resulta que en 1953 un cincuentón, llamado Julio Riquelme, se subió al caballito de metal en Chillán, rumbo al norte, para asistir a un bautizo. La cosa es que en la mitad del trayecto el tipo se bajó (o lo bajaron). No se sabe, compañeros.
No se equivoquen, no busco postularme para animar El Show de los Libros. Es tan sólo que saco a colación el libro del colega porque en él el autor nos regala un interesante mensaje de tipo familiar, y como hace poco se celebró el Día del Padre entonces cabe de cajón.
El mensaje más menos tiene que ver con lo alejado que cada uno de nosotros los varones estamos con nuestros papás, afectivamente hablando por cierto. Muchas veces cuando estamos lejos lo echamos ene de menos. Sin embargo, muchas veces cuando estamos cerca peleamos con él. ¿Contradictorio, no?
Por ahí leí que ese distanciamiento empieza en tu edad adolescente. Hasta antes de eso, entonces, no te daba vergüenza abrazarlo y darle eternos besos, pero cuando creces te alejas, se marca una mutua distancia. Por tu parte, necesitas demostrarle a él y a ti mismo que ya no eres un niño y que cada día que pasa te conviertes en un macho fuerte sin tener que demostrarle debilidades emocionales a nadie. Por su parte, él no sabe bien cómo actuar contigo, porque con su papá el rollo era parecido y peor aún en tiempos pasados donde la figura del padre era mucho más fría e imponente, de mando. Es más, en tu adolescencia tu papá tiene que ser duro y pelear contigo. Sino, ¿cuál sería la enseñanza?
Ahí entonces comienza esa distancia, ese enfriamiento emocional. Los 'te quiero' escasean, bajan el ritmo, desaparecen; a veces recién vienen a reaparecer en el funeral. Lo lamentable es que las urnas quedan tan herméticamente selladas que posiblemente tu padre no te escuche, digo yo.
El asunto es que Julio Riquelme tuvo un hijo que nunca conoció (ya saben, los típicos hijos ‘por afuera’ de antaño) y a él llegaron los forenses a comunicarle que los restos de su padre habían aparecido. En sus 50 años de vida este hijo nunca añoró conocer a su progenitor ni mucho menos lo extrañó, puesto que a la larga nunca lo reconoció tampoco. Pese a esto, acudió a las respectivas pericias de reconocimiento. Es más, al ver sus restos se conmovió. Ni él supo bien el por qué, pero hasta se encargó de darle un entierro digno. Entonces nunca se sintió tan cercano a su padre como cuando lo tuvo delante de él, convertido en huesos. Tan lejos, tan cerca. El Padre con el hijo están tan cerca en los momentos en que físicamente están lejos y otras veces estando cerca están lejos.
Sigue cayendo en la tentación de las multitiendas. Lo que es yo, ni ahí. Tengo más que claro que, una vez más, el regalo será un TE QUIERO MUCHO para esa persona que se conmovió hasta las lágrimas cuando me cogió por primera vez en sus brazos. Espero que también tú lo tengas claro.
Si bien es cierto que soy más apretado que tapa de submarino y más cagao que palo de gallinero, mi opción poco consumista no pasa por ahí, sino porque soy de la idea de que no hay nada mejor que regalarle cariño a un padre (y cómo se hace?).
En su libro El Empampado Riquelme, el periodista chileno Francisco Mouat teoriza sobre lo que le pasó en el interior de un tren a un pasajero que nunca llegó a destino y el posterior hallazgo de su esqueleto 43 años después en pleno desierto de Atacama.
Muy resumidamente, resulta que en 1953 un cincuentón, llamado Julio Riquelme, se subió al caballito de metal en Chillán, rumbo al norte, para asistir a un bautizo. La cosa es que en la mitad del trayecto el tipo se bajó (o lo bajaron). No se sabe, compañeros.
No se equivoquen, no busco postularme para animar El Show de los Libros. Es tan sólo que saco a colación el libro del colega porque en él el autor nos regala un interesante mensaje de tipo familiar, y como hace poco se celebró el Día del Padre entonces cabe de cajón.
El mensaje más menos tiene que ver con lo alejado que cada uno de nosotros los varones estamos con nuestros papás, afectivamente hablando por cierto. Muchas veces cuando estamos lejos lo echamos ene de menos. Sin embargo, muchas veces cuando estamos cerca peleamos con él. ¿Contradictorio, no?
Por ahí leí que ese distanciamiento empieza en tu edad adolescente. Hasta antes de eso, entonces, no te daba vergüenza abrazarlo y darle eternos besos, pero cuando creces te alejas, se marca una mutua distancia. Por tu parte, necesitas demostrarle a él y a ti mismo que ya no eres un niño y que cada día que pasa te conviertes en un macho fuerte sin tener que demostrarle debilidades emocionales a nadie. Por su parte, él no sabe bien cómo actuar contigo, porque con su papá el rollo era parecido y peor aún en tiempos pasados donde la figura del padre era mucho más fría e imponente, de mando. Es más, en tu adolescencia tu papá tiene que ser duro y pelear contigo. Sino, ¿cuál sería la enseñanza?
Ahí entonces comienza esa distancia, ese enfriamiento emocional. Los 'te quiero' escasean, bajan el ritmo, desaparecen; a veces recién vienen a reaparecer en el funeral. Lo lamentable es que las urnas quedan tan herméticamente selladas que posiblemente tu padre no te escuche, digo yo.
El asunto es que Julio Riquelme tuvo un hijo que nunca conoció (ya saben, los típicos hijos ‘por afuera’ de antaño) y a él llegaron los forenses a comunicarle que los restos de su padre habían aparecido. En sus 50 años de vida este hijo nunca añoró conocer a su progenitor ni mucho menos lo extrañó, puesto que a la larga nunca lo reconoció tampoco. Pese a esto, acudió a las respectivas pericias de reconocimiento. Es más, al ver sus restos se conmovió. Ni él supo bien el por qué, pero hasta se encargó de darle un entierro digno. Entonces nunca se sintió tan cercano a su padre como cuando lo tuvo delante de él, convertido en huesos. Tan lejos, tan cerca. El Padre con el hijo están tan cerca en los momentos en que físicamente están lejos y otras veces estando cerca están lejos.
Sigue cayendo en la tentación de las multitiendas. Lo que es yo, ni ahí. Tengo más que claro que, una vez más, el regalo será un TE QUIERO MUCHO para esa persona que se conmovió hasta las lágrimas cuando me cogió por primera vez en sus brazos. Espero que también tú lo tengas claro.
0 comente este texto aquí:
Publicar un comentario en la entrada